Suite Amancay

En Honor a esta bella flor, muy abundante en nuestro jardín.

- Habitación en planta alta, con ventanal de doble vidrio con vista al lago Alumine, corazón de Villa Pehuenia.

- Baño con bañera e hidromasaje.

- Mullidas Toallas de 650 gramos línea hotelera.

- Una cama Queen con colchón de resortes individuales La Cardeuse línea hotelera.

- Una cama de una plaza con colchón de alta densidad La Cardeuse línea hotelera.

- Suaves Sabanas de Percal Americano 180 hilos. Frazadas Americanas Thermal Blanket, increíblemente livianas y térmicas.

- Todo el blanco es de la misma calidad de un Hotel 5 estrellas.

- Calefacción central por radiadores de agua caliente en habitación y baño.

- Una mesa con dos sillas, que servirán de zona de trabajo o simplemente para tomar mate mirando el lago.

- Decoración Patagónica con maderas de nativas, trabajadas artesanalmente.: Ciprés – Roble Pellín – Radal – etc.

- Ventilador de pared con control remoto.

Leyenda del Amancay

En la orilla derecha del río Manso y hasta su nacimiento en el valle del Lolol Mahuida, vivían los indios Vuriloches. Quintral, hijo del cacique, gustaba recorrer cazando y pescando en la orilla del río y así llegaba hasta Co-carí (lago Mascardi).
Fue en uno de esos paseos que conoció a Amancay, quién se enamoró de aquel joven apuesto y valiente, llegando a convertirse este sentimiento en el amor irrealizable por ser ella de humilde origen. De esta manera fue pasando el tiempo, hasta que un día llegó hasta ellos una epidemia que comenzó a diezmar la tribu, cayendo enfermo el joven indígena. Ante la imposibilidad de lograr su mejoría, enterada Amancay consultó a una Machi (hechicera), a quien le confió el secreto para obtener el remedio.
El mismo consistía en una infusión preparada con una flor que crecía en la cumbre helada del Lolol Mahuida a sabiendas del peligro que corría, pero impulsada por su amor hacía el joven, lanzóse Amancay a la terneraria empresa, logrando su fin. Ya en el descanso, feliz por haber logrado su cometido, al pie de una hermosa cascada, vio cernirse sobre ella la amenazante figura del cóndor, quien le exigió abandonara la preciada flor. Ante la negativa de Amancay propuso a esta que le dejase en cambio su corazón, lo cual aceptó la joven sin titubear.
Alejóse el rey de las alturas con el pequeño corazón entre sus garras, emprendiendo vuelo hacia su morada, tiñendo de gotas rojas su camino con la sangre que manaba del corazón. Y en aquellos lugares regados y vivificados con la sangre de aquella indiecita, fue floreciendo una preciosa flor de varios pétalos, bella como su origen, teñida con gotas rojas de la sangre que había sido derramada en ofrenda de aquel sentimiento, queriendo pregonar de esta manera, un mensaje de amor por todos los valles y montañas del Co-carí.


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